miércoles, 2 de noviembre de 2011

Capitulo 7 y 8.

7. LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA




1.      Canto inicial:           
Señor, ¿a quién iremos?
Tú tienes palabras de vida.
Nosotros hemos creído
que tú eres el Hijo de Dios.
.

2.      Oración inicial:  Salmo 42 (41): Deseo del Señor y ansias de contemplar su templo

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan noche y día,
mientras todo el día me repiten: “¿Dónde está tu Dios?”

Recuerdo otros tiempos, y mi alma desfallece de tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo, hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo: “Salud de mi rostro, Dios mío”.

Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo,
desde  el Jordán y el Hermón y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas me han arrollado.
De día el Señor me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan: “¿Dónde está tu Dios?”

¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?
Espera en Dios,  que volverás a alabarlo: “Salud de mi rostro, Dios mío.”

3.      Introducción:

No faltan personas de otras religiones que, demostrando su ignorancia, afirman que la Misa la inventó un Papa de tiempos tardíos, y que es imposible que Jesucristo esté presente, vivo y verdadero, en la Eucaristía y en el Sagrario ¿Cómo demostramos con la Biblia que Jesucristo celebró la primera Misa y ordenó que la celebráramos siempre que nos reunimos en su nombre? ¿Cómo la celebraban los primeros cristianos? ¿Cuál es la importancia de la Eucaristía en la vida de la Iglesia? ¿Cuántas partes tiene la Misa y cómo se celebra?

4.      Lectura bíblica: 1 Cor 11,23-29
            Después de la lectura, se deja un momento de reflexión y oración personal en silencio.

5.      Exposición:
a)      El origen de la Misa está en la última Cena de Jesús con sus discípulos. Fue una cena en ambiente pascual, con signos de la pascua judía (Ex 12), pero ya no se sacrifica y se come un cordero según la tradición judía, sino Jesús es el nuevo y verdadero Cordero. Con su muerte en la cruz, al derramar su sangre, se realiza la nueva Pascua, con la que nos salva. En su cena de despedida con sus discípulos, deja para todos los tiempos el signo de su presencia permanente y redentora entre nosotros por medio del pan partido y del vino que se consume. Ordenó a sus apóstoles hacer lo mismo que El había hecho, en memoria de su entrega amorosa por nosotros. Es una memoria que es un memorial, una actualización del pasado, una presencia viva de la muerte y resurrección del Señor. No es una repetición, ni una representación teatral, ni una evocación del pasado, sino una actualización de su Pascua, en forma incruenta, es decir, sin nuevo derramamiento de sangre.
b)      La primera versión escrita que conservamos de las palabras dichas por Jesús, al instituir la Eucaristía, es la del evangelista Marcos, quien escribe: “Y mientras estaban comiendo, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio y dijo: ‘Tomen, esto es mi Cuerpo’. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos’ ” (Mc 14,22-24).
c)      En forma semejante relata San Mateo: “Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y, pronunciada la bendición, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomen, coman, esto es mi cuerpo … ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados” (Mt 26,26-28).
d)     San Lucas refiere: “Tomó pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía… Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por ustedes” (Lc 22,19-20).
e)      San Pablo nos transmite algo que ya es tradición en la Iglesia primitiva: “Yo recibí del Señor lo que les he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía. Así mismo también el cáliz después de cenar diciendo: Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces beban de ella, háganlo en memoria mía. Pues cada vez que comen este pan y beben este cáliz, anuncian la muerte del Señor hasta que venga” (1 Cor 11,23-26).
f)       El apóstol Juan, que estuvo presente en la Ultima Cena, no narra la institución de la Eucaristía; sin embargo, nos presenta en forma muy insistente a Jesús como pan de vida, alimento que da vida eterna: Jn 6,35-58. Como ya los otros evangelistas habían narrado lo de la Eucaristía, Juan completa la narración con el lavatorio de los pies (Jn 13,1-17), para dar a entender que la Eucaristía es una entrega al servicio de los demás, hasta dar la vida por ellos. Una Misa sin amor y servicio a los demás, en particular a los pobres, se queda muy incompleta y puede ser hasta falsa.
g)      Los primeros cristianos se reunían para la fracción del pan: Hech 2,42. Es el primer nombre de la Misa, de la Eucaristía, porque la fracción del pan es el signo que usó Jesús al instituir este sacramento y por ese signo lo reconocieron los discípulos de Emaús: Lc 24,30-31.35.
h)      Se dice que esta fracción del pan se hacía el primer día de la semana, que es el día siguiente al sábado: Hech 20,7. Por tanto, la Eucaristía es la memoria de la muerte y también de la resurrección del Señor. Con el tiempo, ese primer día de la semana es el día en que se reúnen los cristianos: 1 Cor 16,2, y que en Apoc 1,10 toma ya el nombre de día del Señor, o domingo.
i)        Jesucristo dio a sus apóstoles la orden de celebrar este sacramento eucarístico. Los apóstoles transmitieron esta orden a sus sucesores, que son los obispos, y éstos a sus colaboradores inmediatos, que son los sacerdotes. Por tanto, cuando el sacerdote celebra la Misa, Jesús está presente, tanto en su Palabra que se proclama, como en su memorial redentor por los signos del pan y del vino. Está también presente en la comunidad que se reúne en su nombre y en la persona del ministro (cf Concilio Vaticano II: Constitución sobre Liturgia, 7).
j)        La Misa tiene dos partes principales, siguiendo el ejemplo de Jesús y de los apóstoles: Liturgia de la Palabra y Liturgia de la Eucaristía. Jesús, antes de partir el pan y dar a beber del cáliz, habló largamente con sus discípulos; y lo mismo hacían los primeros cristianos: Hech 2,42; 20,7. Las otras partes de la Misa son los ritos introductorios, desde la entrada hasta la oración colecta, y los ritos conclusivos, con la bendición final y la despedida de la asamblea.
k)      Sólo el sacerdote puede celebrar la Misa, pues sólo él ha recibido el sacramento del Orden, por el cual se configura con Cristo cabeza de la Iglesia, para el servicio del Pueblo de Dios.

6.      Meditación-Oración:

a)      En forma personal y en silencio, reflexionar qué me dice la Palabra de Dios; cuál es mi actitud ante la Eucaristía, ante la Misa dominical; qué importancia debería darle; cada cuándo comulgo y me acerco con la conciencia limpia por la confesión frecuente para recibir dignamente al Señor; qué le digo a Dios en mi mente y en mi corazón, para responder a su Palabra.
b)      En pequeños grupos, compartir lo que cada quien ha meditado.
c)      En plenario, quien quiera libremente le habla al Señor, para darle gracias, adorarle, alabarle, pedirle perdón y hacerle súplicas.

7.      Compromiso:
¿Qué puedes hacer para participar todos los domingos en la Misa, y si es posible también entre semana? ¿Cada cuándo visitas a Jesús, que está vivo en el Sagrario, para platicar con El? ¿Qué podríamos hacer para que se valore su presencia en el Sagrario, y no se le falte tanto al respeto, ni se le ignore? Algunos le dan más importancia a las imágenes, que a Jesús que está presente en el Sagrario. ¿Cómo puedes ayudar a tu familia, a tus amistades y a tu comunidad para que comprendan la importancia de la Eucaristía?

8.      Canto final:
Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor.
Dios está aquí.
Venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor.
¡Gloria a Cristo Jesús!
Cielos y tierra bendecid al Señor.
Honor y gloria a ti, Rey de la gloria.
Amor por siempre a ti, Dios del amor.





8. EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN


1.      Canto inicial:           
En Dios pongo mi esperanza
y confío en su Palabra.

2.      Oración inicial:  Salmo 51 (50): Confesión del pecador arrepentido

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

3.      Introducción:

Es frecuente escuchar que alguien diga: Yo no me confieso, porque no tengo pecados. O también: Yo no me confieso con un hombre, que es un pecador; yo me confieso sólo con Dios. ¿Qué pensar de esto? ¿Cómo demostramos con la Biblia que Jesucristo confió a sus apóstoles la misma facultad suya de perdonar los pecados? ¿Por qué es importante la confesión sacramental de los pecados ante un sacerdote? ¿Basta con la ceremonia de algunas comunidades, que hacen en algunas ocasiones una reconciliación comunitaria? ¿Cómo se hace una buena confesión? ¿Cada cuándo confesarse?

4.      Lectura bíblica: 1 Jn 1,5-2,2
            Después de la lectura, se deja un momento de reflexión y oración personal en silencio.

5.      Exposición:

a)      Todos somos pecadores, pues nacimos con el pecado original: Rom 5,12-14.19; Salmo 51 (50),7
b)      Jesucristo vino a salvar a los pecadores: Mt 9,10-13; Lc 15,1-32; 19,2-10
c)      A quienes Jesús más critica y condena es a los fariseos, que se creían muy buenos y despreciaban a los publicanos: Lc 18,9-14
d)     Jesús tiene poder para perdonar pecados: Lc 7,36-50; Jn 8,1-11; Col 2,13-14
e)      La gente se extraña de que Jesús perdone pecados, pues, en efecto, dicen que sólo Dios puede perdonar pecados: Lc 5,17-26. Con esto se demuestra que Jesucristo es Dios y, por tanto, tiene poder divino. La resurrección de Lázaro es muestra de su poder: Jn 11,1-44. La confesión y el perdón de los pecados es como una resurrección de quien está muerto por sus pecados y huele mal ante los demás.
f)       Jesús comparte o delega este poder a sus apóstoles: Primero a Pedro y luego a los otros: Mt 16,19; 18,18. Ellos son hombres pecadores, como nosotros, pero Jesús les da una facultad que es exclusiva de Dios. Ya no son ellos quienes perdonan, sino Dios por medio de ellos.
g)      El momento más claro es después de la resurrección, en que les da explícitamente el poder de perdonar los pecados, con la fuerza del Espíritu Santo: Jn 20,20-23.
h)      Cuando alguien dice que se confiesa con Dios, le preguntamos cómo sabe que Dios ya le perdonó. Se necesita un signo de ese perdón, y ese signo es el sacramento de la confesión. Es como cuando alguien ofende a su novia, o a su esposa; no basta que en su corazón se arrepienta; tampoco basta que le pida perdón a ella. Hasta que ella le da un signo de haberle perdonado, es cuando el ofensor se siente realmente perdonado. No basta, por tanto, arrepentirse, aunque este es el primer paso y es fundamental, pues si alguien se confiesa pero sin arrepentimiento, no vale la confesión. La absolución del sacerdote es el signo de Dios para recibir efectivamente el perdón del mismo Dios.
i)        El apóstol Santiago recomienda llamar a los sacerdotes cuando alguien está enfermo, para que se le perdonen los pecados y se le unja con aceite, y así pedir a Dios también la salud corporal: Sant 5,14-16. Todavía no se describe la confesión como la tenemos ahora, pero está lo esencial, que es el perdón de los pecados por mediación de los presbíteros o sacerdotes.
j)        La confesión sacramental tiene cinco elementos: Examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, confesión de los pecados ante el sacerdote, cumplir la penitencia que imponga el confesor: rezar alguna oración, leer algo de la Biblia, ayudar a los pobres y enfermos, etc. El propósito de enmienda es el compromiso de hacer todo lo posible por no volver a pecar, sino cambiar de vida.
k)      Confesarse es pedir perdón a Dios, y también perdonarnos unos a otros, pues si alguien no perdona a los demás, tampoco Dios le perdona: Mt 6,12-15; 18,35; Lc 6,37.
l)        ¿Cada cuándo confesarse? Dos o tres veces al año, si no se tienen faltas graves o mortales. Si hay pecado grave, confesarse de inmediato, pues no se puede recibir la santa Comunión sin haberse antes confesado. Sólo cuando no hay sacerdote, basta un arrepentimiento profundo del corazón, pero con la condición de confesarse tan pronto sea posible. En Cuaresma es muy recomendable la confesión, para celebrar la Pascua en comunión con el Señor.
m)    El aborto procurado y realizado consciente y libremente, no sólo es un pecado muy grave, sino que tiene una pena que se llama excomunión; es decir, que la persona no puede recibir sacramentos, y no cualquier sacerdote le puede absolver, sino sólo el Obispo, el Vicario General, el Vicario Episcopal, o los sacerdotes delegados por el Obispo. Es una disciplina pedagógica, para hacer comprender la gravedad de ese delito.

6.      Meditación-Oración:

a)      En forma personal y en silencio, reflexionar qué me dice la Palabra de Dios. ¿Cuál es mi actitud ante el sacramento de la Confesión o Reconciliación? ¿Qué importancia le doy? ¿Cada cuándo me confieso, para recibir dignamente al Señor? ¿He comulgado sin confesarme y teniendo pecados graves? ¿Qué le digo a Dios en mi mente y en mi corazón, para responder a su Palabra y vivir conforme a ella?
b)      En pequeños grupos, compartir lo que cada quien ha meditado.
c)      En plenario, quien quiera libremente le habla al Señor, para darle gracias, adorarle, alabarle, pedirle perdón y hacerle súplicas.

7.      Compromiso:
Si acostumbras confesarte pocas veces, o muy raras veces, o casi nunca, ¿qué debes hacer en adelante? ¿Cómo puedes ayudar a tu familia, a tus amistades y a tu comunidad para que comprendan la importancia de la Confesión sacramental? ¿Cómo prepararte para compartir este tema con los demás?

8.      Canto final:
Perdón, oh Dios mío;
perdón e indulgencia,
perdón y clemencia,
perdón y piedad.


Capitulo 5 y 6.

5. EL PRIMADO DE PEDRO Y DE SUS SUCESORES




1.      Canto inicial:           
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar

2.    Oración inicial:   Del Salmo 23 (22): El Señor es mi pastor

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu callado me dan seguridad.

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa hasta los bordes.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

3.      Introducción:

Uno de los puntos que a los católicos nos ayuda mucho para conservarnos unidos entre nosotros y para ser fieles a lo que Jesús quiso para su Iglesia, es que gozamos del don de la sucesión ininterrumpida de Pedro, a quien Jesús puso como su Vicario, su representante personal en la tierra. Por no aceptar al Papa como legítimo sucesor de Pedro por voluntad explícita de Jesús, las denominaciones protestantes se subdividen más y más, porque cada quien quiere ser cabeza y se sienten con autoridad para explicar la Palabra de Dios. Cada líder que se imagina que el Espíritu Santo le ha iluminado, funda una nueva iglesia. Estas mismas divisiones entre ellos, son señal de que no es el Espíritu quien les ha hablado, pues el Espíritu no puede promover la división. ¿Cómo demostramos que el Papa es legítimo sucesor de Pedro, y por tanto Vicario de Cristo? ¿Por qué los católicos debemos estar en comunión con el Papa, y obedecer sus decisiones?

4.      Lectura bíblica: Jn 21,15-19
            Después de la lectura, se deja un momento de reflexión y oración personal en silencio.

5.      Exposición:

a)      Nuestra fe está centrada en Cristo. El es el único Salvador, Redentor y Mediador (1 Tim 2,5). Sin embargo, El quiso dejar a Pedro en su lugar, para que hiciera sus veces y lo representara, como su Vicario en la tierra: Mt 10,2; Lc 22,32; Jn 21,15-17.
b)      Fue voluntad definitiva del mismo Cristo, quien es el fundador de la Iglesia, que Pedro quede en su lugar, no para quitar a Cristo, sino para llevar a todos hacia El. Jesús pone a Pedro en su lugar, como piedra sobre la que quiso y quiere construir su Iglesia (Mt 16,13-19). Esta piedra debe ser permanente y no acabarse cuando Pedro muera, pues la Iglesia debe durar siempre; por ello, los sucesores de Pedro en Roma tienen la misma misión, la misma tares o responsabilidad de confirmar en la fe a los hermanos. El lugar que ocupa el Papa en la Iglesia, es por voluntad del mismo Cristo y esto nadie lo puede cambiar, pues formaría otra iglesia distinta a la de Jesús.
c)      En Hechos y en las Cartas de San Pablo vemos comprobado esto. Pedro es siempre el que ocupa el primer lugar, sobre todo cuando deben tomarse decisiones: Hech 2,14.37-38; 3,11-12; 4,8-12; 5,29-32; 15,7. San Pablo, a pesar de que había recibido la revelación directamente de Jesucristo, sube a Jerusalén para visitar a Pedro y exponer su predicación, para comprobar si no estaba en un error: Gál 1,18; 2,2. El mismo Pablo respeta y obedece a Pedro.
d)     Nosotros también respetamos y obedecemos al Papa, lo consultamos y lo tomamos en cuenta, para que nos confirme en la fe en Jesucristo. El Papa tiene la misión de que todos nos mantengamos en la fe verdadera. Sin el Papa, cada quien inventa su Iglesia, que se hace secta.
e)      ¿Cuántos Papas ha habido? Benedicto XVI es el No. 265. Los primeros diez fueron: Pedro, Lino, Cleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telésforo, Higinio, Pío, Aniceto, Sotero, Eleuterio y Víctor. Los anteriores a Benedicto XVI: Juan Pablo II, Juan Pablo I, Pablo VI, Juan XXIII, Pío XII…


Desde
Hasta
Nombre como Papa
Nombre propio
Lugar nacimiento
30/33 ?
Shimon ben Yona (Simon bar Jona)
-
-
-
Roma
-
-
Roma
-
Roma
-
Grecia
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Grecia
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-
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6.      Meditación-Oración:

a)      En forma personal y en silencio, reflexionar qué me dice la Palabra de Dios; qué significa el Papa en mi vida como creyente; conozco sus mensajes, su predicación, sus documentos; qué me hace pensar y sentir que Jesús dejó un Vicario en el Papa; qué le digo a Dios en mi mente y en mi corazón, para responder a su Palabra.
b)      En pequeños grupos, compartir lo que cada quien ha meditado.
c)      En plenario, quien quiera libremente le habla al Señor, para darle gracias, adorarle, alabarle, pedirle perdón y hacerle súplicas.

7.      Compromiso:
Hay muchos documentos recientes del Papa Benedicto XVI, en que nos explica la Palabra de Dios para nuestros tiempos. Por ejemplo, publicó la Exhortación Verbum Domini sobre La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia. Más antes, otras cartas sobre la Eucaristía, la Caridad, la Fe, la Esperanza. Hay muchos otros del Papa Juan Pablo II, que siguen siendo actuales y válidos. ¿Qué puedes hacer para conocer y meditar estos documentos? También puedes hacer oración por el Papa, para que Dios le conceda salud, sabiduría y fortaleza, para que cumpla el servicio que el Espíritu Santo le ha confiado.

8.      Canto final:
A edificar la Iglesia, a edificar la Iglesia, a edificar la Iglesia del Señor,
hermano ven ayúdame, hermana ven ayúdame,
a edificar la Iglesia del Señor.




6.  OBISPOS, SACERDOTES Y DIÁCONOS


1.      Canto inicial:           
Tú has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios ni a ricos;
tan sólo quieres que yo te siga.
Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti, buscaré otro mar.

2.    Oración inicial:  Por las vocaciones

¡Oh Jesús, Pastor eterno de las almas!
Dígnate mirar con ojos de misericordia
esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad;
danos vocaciones:
danos obispos y sacerdotes santos;
danos diáconos y catequistas para tu pueblo;
danos religiosas, religiosos, misioneras y misioneros
para la evangelización integral de los pobres y de los que sufren.
Te lo pedimos por intercesión de Santa María de Guadalupe,
tu dulce y santa Madre.
¡Oh Jesús, danos vocaciones según tu corazón! Así sea.


3.      Introducción:

Muchas personas preguntan que de dónde salieron los obispos, los sacerdotes y los diáconos. Preguntan si algún Papa los inventó, o si son producto del desarrollo de la Iglesia como una organización social o política, como las que había en aquellos tiempos. O son un reflejo y una copia de la organización de Israel. Algunos se imaginan que son sólo para decir Misas y celebrar sacramentos, y que por tanto no tienen que meterse en otros asuntos, como la promoción de la justicia y de la paz en los pueblos. ¿Cómo demostramos con la Biblia que Jesucristo estableció estos tres órdenes en su Iglesia? ¿Cuál es la misión que les corresponde?

4.      Lectura bíblica: Mc 3,13-19
            Después de la lectura, se deja un momento de reflexión y oración personal en silencio.

5.      Exposición:

a)      Nuestra fe está centrada en Cristo. El es el único Salvador, Redentor y Mediador (1 Tim 2,5).
b)      Jesucristo es el sumo y eterno sacerdote, con un sacerdocio distinto al del Antiguo Testamento. Consumó su sacerdocio entregando su vida en sacrificio redentor por todo el mundo, de tal modo que ya no hacen falta sacrificios ni sangre de animales para agradar a Dios: Hebreos capítulos 5, y 7 al 10. Seguir ofreciendo gallinas, borregos u otros animales, es como si la Sangre de Cristo no hubiera sido suficiente para salvarnos. No se puede aplicar a los sacerdotes actuales lo que la Biblia dice sobre los sacerdotes judíos, pues es un sacerdocio totalmente distinto.
c)      Sin embargo, el mismo Jesucristo eligió colaboradores, en primer lugar a los apóstoles, a quienes ordenó hacer lo que él les mandaba e ir por todo el mundo a predicar el Evangelio y hacer el bien a los que sufren, como El lo había hecho: Mt 4,18-22; 10,1-4.40; 28,16-20; Mc 16,14-20; Lc 22,19; Jn 20,22-23; 1 Cor 11,24.
d)     Los apóstoles no podían ir a todo el mundo, porque les era imposible en aquellos tiempos transportarse muy lejos. Además, tarde o temprano tenían que morir. Por ello, vemos que en la Iglesia primitiva, con la inspiración del Espíritu Santo, se fueron eligiendo sucesores de los apóstoles, que son los obispos, y colaboradores de éstos, que son los presbíteros y los diáconos.
e)      San Pablo habla de tres órdenes: obispos, presbíteros y diáconos: 1 Tim 3,1-13; 5,17-22;   Tit 1,5-9; Hech 14,23; 20,17.28.
f)       Los obispos, sacerdotes y diáconos representan a Cristo, que es la cabeza de la Iglesia. Lo hacen presente en la comunidad, sobre todo por la predicación de la Palabra de Dios, por la celebración de los sacramentos, principalmente por la Eucaristía, y por el servicio a los pobres. Sin embargo, no son dueños de la Iglesia, para interpretar la Biblia y celebrar la liturgia como quieran, ni tomar acuerdos sólo según sus propios criterios y sólo siguiendo las costumbres de los pueblos, sino que deben estar en unión con el Papa y con todos los obispos que están unidos al Papa. Si no toman en cuenta ni al Papa ni a los demás obispos, se hacen autónomos, se hacen como una secta.
g)      Debemos ser una Iglesia autóctona, que se encarna en las culturas de los pueblos, pero no una Iglesia autónoma, independiente, que dependa de las normas, consignas o decisiones de una organización.
h)      Como dicen el Concilio Vaticano II (Ad gentes, 6) y el III Sínodo Diocesano (página 15), no puede haber iglesias autóctonas mientras éstas no estén provistas convenientemente de su propia Jerarquía; es decir, mientras no tengan diáconos, sacerdotes y obispos de la propia cultura. Necesitamos muchos más sacerdotes autóctonos, indígenas y mestizos, para no depender sólo del exterior. No bastan los diáconos y los catequistas, pues sólo el sacerdote puede celebrar la Misa, dar el perdón de los pecados, ungir a los enfermos y presidir la comunidad en nombre de Cristo servidor.
i)        Jesucristo nos invita a orar por las vocaciones: Mt 9,37-38. Debemos pedir al Señor que se digne llamar a muchos jóvenes, hombres y mujeres, para que le consagren su vida, y que haya muchos más santos sacerdotes, para el servicio del Pueblo de Dios. Sólo así estará más completa la Iglesia y seremos una Iglesia autóctona.
j)        A pesar de los malos testimonios que algunos sacerdotes u obispos den, hay que mantenerse firmes en la fe y no alejarse de la Iglesia y de Dios. Ellos, como humanos y pecadores, pueden fallar, nos pueden tratar mal, pueden ser infieles a su consagración; pero el cimiento fundamental de nuestra fe, es Cristo. La piedra, la roca sobre la que está edificada nuestra Iglesia, es Cristo, y El no nos falla. Por medio de los sacerdotes y obispos nos acercamos a Dios, pero es Dios quien importa, no tanto las personas. Las personas pasan; Dios permanece para siempre.
k)      Por nuestro bautismo, todos somos importantes en la Iglesia, pues la Iglesia somos todos; pero el lugar del sacerdote es muy específico y no se le puede sustituir. Son muy importantes las religiosas, los religiosos, los catequistas, los servidores y todo el Pueblo de Dios, pero la Iglesia no puede vivir ni crecer, sin sacerdotes.
l)        San Juan María Vianey, santo cura de Ars (Francia) y patrono de los sacerdotes, decía: "Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina... ¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia. Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote... ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo".
m)    Estas afirmaciones, nacidas del corazón sacerdotal del santo Cura de Ars, pueden parecer exageradas. Sin embargo, revelan la altísima consideración en que tenía el sacramento del sacerdocio. Decía: "Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros".
n)      A pesar de su importancia, como representantes de Cristo cabeza de la Iglesia, los sacerdotes no pueden actuar solos en una parroquia, sino que deben tener un Consejo Pastoral Parroquial, integrado por fieles laicos, hombres y mujeres, que representen las zonas y áreas de trabajo pastoral de una parroquia, y que ayuden con sus consejos al párroco en la toma de decisiones pastorales. Son sólo consejeros, y su voto es meramente consultivo, como dice el III Sínodo Diocesano, No. 559. El párroco, cuando tenga razones graves, escucha a su Consejo, pero decide según su conciencia y las normas universales de la Iglesia.
o)      ¿Por qué los sacerdotes no se pueden casar? Porque Jesucristo decidió no casarse, no por miedo al matrimonio, ni por desprecio a la mujer, sino para estar totalmente consagrado al Reino de Dios. Por esa misma razón, los sacerdotes deciden no casarse, para parecerse lo más posible a Jesús, para consagrar toda su vida a Dios y al servicio de los demás, para estar libres e ir a predicar y llevar el amor misericordioso de Jesús a cualquier lugar. No es algo contra la naturaleza, ni una imposición legal de la Iglesia, sino una determinación tomada por inspiración del Espíritu Santo. Sin embargo, no cualquier entiende esta decisión, como dice Jesús: Mt 19,10-12. San Pablo, que no se casó, aconseja seguir este ejemplo: 1 Cor 7,25-40.

6.      Meditación-Oración:

a)      En forma personal y en silencio, reflexionar qué me dice la Palabra de Dios; cuál es mi actitud ante nuestro obispo, ante nuestro párroco, ante los sacerdotes y los diáconos; cómo debo ser ante ellos; qué le digo a Dios en mi mente y en mi corazón, para responder a su Palabra.
b)      En pequeños grupos, compartir lo que cada quien ha meditado.
c)      En plenario, quien quiera libremente le habla al Señor, para darle gracias, adorarle, alabarle, pedirle perdón y hacerle súplicas.

7.      Compromiso:
¿Qué puedes hacer para estar más cerca de tu obispo, de tu párroco, de los sacerdotes y de los diáconos, y para apreciar y valorar más su servicio en la Iglesia? ¿Qué dice Jesús que debes hacer cuando alguien de ellos falle y se le deba corregir? Lee Mt 18,15-17. ¿Cómo puedes promover más las vocaciones sacerdotales en tu familia y en tu comunidad? Procura oración por los obispos, sacerdotes y diáconos, para que el Señor les conceda salud, sabiduría, fortaleza, amor, entrega a su ministerio, santidad, y así vivan dignamente el servicio que el Espíritu Santo les ha confiado.

8.      Canto final:
Tú me llamas, Señor, y me quieres mandar
a llevar tu Palabra por tierra y por mar.
Pero yo no podré anunciar tu verdad,
porque soy como un niño, que no sabe hablar.